Valery, el camionero que conduce jugando con un machete

Esta es la historia de como conocí a un camionero bielorruso loco haciendo autostop. Y de como conectamos hasta tal punto que aún hoy día mantenemos el contacto.

De Vilnius, Lituania, a Tallin, Estonia hay 900 km por la famosa vía báltica. Conocedor de las condiciones de la carretera, que no son las mismas que las de una autopista del centro de Europa, era casi imposible llegar en un solo día, o sea que en mi cabeza ya solo contemplaba acampar en algún sitio esa noche. Pero cerca de Riga, a primera hora de la tarde, se paró un camión en medio de la carretera, sin importar quién hubiera detrás. Aquel primer signo de despreocupación me debería haber indicado lo que me encontraría delante del volante. Pero no lo hizo, y subí encantado de volver a tener la oportunidad de estar en un camión.

Cuando llegué arriba me esperaba Valery. Es rubio y con ojos azules, como buen bielorruso que es. De constitución fornida y con una barriga que no esconde los tres litros de cerveza que dice beber cada día, también como buen bielorruso que es. Nada más sentarme ya me choca la mano como si nos conociéramos de toda la vida. No han pasado ni dos segundos y ya me cae bien.

Mi ruso es de nivel intermedio tirando a inexistente, o sea que tenemos que basar nuestra conversación en su inglés, no muy fluido. Cuando no le sale la palabra que busca se golpea la cabeza y dice con tristeza que su profesora de inglés ya le avisaba que conocer el idioma sería importante, pero que él, de niño, más bien pasaba de aprender esta lengua. Aun así, y a diferencia de lo que hacemos la mayoría, lo sigue intentando sin vergüenza y con la determinación de querer comunicarse conmigo.

Valery es un hombre de 36 años, orgulloso de su país y de sí mismo. Con solo su trabajo se ha construido una casa para él, su mujer y su hijo. Me los enseña en vídeos. También me muestra como pescan en invierno, con un agujero en el hielo y un hilo. Parece ser un gran evento social, porque están muchos amigos con sus respectivas familias. Uno de ellos es un médico que aparece en varios vídeos, siempre muy borracho. En otras imágenes se ve a Valery con una guitarra eléctrica y un poderoso equipo de música. Me dice que le gusta el punk y el rock, y me pregunta si a mí también. No tengo ni tiempo a contestar que sí que ya estamos los dos interpretando….

Él también va hasta Tallin, y las horas pasan volando. No tiene sistema de aire acondicionado pero el bielorruso tiene otras maneras de refrescarse. Con la típica botella de limpia-cristales se va rociando la cara y el cuerpo con agua. A mí también me tira y, la verdad, funciona.

De hecho, su cabina está plagada de objetos curiosos. De entre ellos. me sorprende un machete que cuelga del equipo de radio. Cuando le pregunto por él, lo saca con orgullo y empieza a hacer trucos. Ahora lo hago girar por aquí, ahora por allá, ahora lo tiro al aire y lo cojo por la empuñadura otra vez. Conduciendo.

Y al parecer no es el único sistema de protección que tiene, porque de encima de él saca un bate de beisbol que me deja sostener. Cuando le pregunto que por qué tiene esas armas, me contesta que el bate es para cuando está en Rusia, que no es un sitio seguro para los camioneros, y que el machete lo tiene por diversión. Me lo dice mientras me enseña cicatrices por todo el cuerpo.

El encargado de curarle esos tajos hechos de tanto jugar con el puñal es el médico que aparece borracho en casi todos los vídeos. De hecho, parece que es algo habitual entre sus amigos emborracharse, hacerse daño, y llamar al doctor ebrio. Hace no muchos meses, Valery mismo estaba probando la capacidad de resistencia de su cabeza rompiéndose botellas de cerveza vacías contra su cráneo. La tercera botella no se rompió como se esperaba y le abrió toda la frente. Pero eso es una de las cosas buenas de tener un amigo médico: lo llamas, viene, te cura, y te olvidas de ir a un hospital y tener que dar explicaciones.

Mientras el sol se pone me dice que, si no tengo sitio donde pasar la noche (no lo tengo), puedo quedarme con él. ¡La sola idea de dormir en un camión me hace llenarme de emoción! Pero antes, tenemos que encontrar el almacén donde, mañana por la mañana, deberá descargar los melocotones que lleva detrás. Se trata de una de las cadenas más grandes de supermercados de los países bálticos. Cuando finalmente lo encontramos (la dirección que le habían dado estaba mal), aparcamos y saca una barbacoa. Comeremos salchichas polacas.

Y el machete vuelve a aparecer en escena, esta vez como herramienta de cocina. Encendemos el fuego y me ofrece cerveza. Bebemos y hablamos de nuestras vidas. Dice envidiar la mía, pero también cree que no me la cambiaría. Hay días en que le gusta su trabajo. Ve mundo mientras conduce, una actividad que le encanta. Pero la mayoría de veces está solo y se pasa mucho tiempo sin ver a su familia. De todos modos, asegura que el hecho de que su mujer e hijo no se tengan que preocupar ni les falte de nada le llena de orgullo, y por eso no tiene pensado dejar este oficio. Además, a veces puede encontrar a gente como yo que le entretenga el camino.

Comemos y bebemos hasta que el cuerpo nos dice basta. Ha sido un día largo e intenso para los dos y más pronto que tarde estamos cada uno en su litera, intercambiando alguna que otra frase de gratitud y admiración mutua antes de quedarnos dormidos.

A primera hora de la mañana nos levantamos y desayunamos algo. Es mi momento de irme y él tiene que descargar el camión. Nos abrazamos como quien abraza a un buen amigo, y es que la verdad tenía la sensación de estar despidiéndome de alguien que me ha marcado. Volvemos a chocar las manos como la primera vez y nos decimos adiós. Me marcho y le dejo bebiéndose un café sentado en una sillita plegable delante del camión. Él y su machete.

Esta es una de las muchas historia que he vivido cruzando Europa haciendo autostop. Por cierto, que Valery se hizo Instagram (mientras conducía) para seguir las aventuras de Los Viajes de Walliver y, también, para poder mantener el contacto.

Si tú también quieres hacer autostop pero no sabes cómo empezar, aquí tienes una guía básica para novatos que quieren hacer dedo.

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